lunes, 21 de abril de 2008

Cuento: Las Carencias de Bartolo

-Mira Bartolo yo pienso que esta relación no tiene futuro… Durante estos cinco meses no has hecho otra cosa que seguir saliendo con tus amigos a beber ron. Dices que no crees en el matrimonio y que sólo te someterías al concubinato a modo de experimento. Mientras tanto, acudo sola a ferias de novias por si cambiases de opinión. No voy más. Además tú sabes que ganas poco dinero y no podremos vivir así. Para colmo, siempre dices que buscarás otro trabajo y nunca lo haces… que volverás a la escuela y… tampoco. No me acompañas a la iglesia los domingos, te aburre el cine los sábados, ahí es cuando más te noto ausente, sobre todo si tus amigos te explotan el celular para ir a janguear. Tus amigos, ay tus amigos. El tal Rogelio ese que siempre termina hablando de sexo, la imprudente de su jeva que grita a los cuatro vientos lo rico que es chingar en plena fiesta de amistades. El bugarrón de Tracy que siempre te invita a la disco gay. Ay la disco, mejor no te cuento lo que me pone a pensar tus visitas a la jodía disco esa.
- ¿De qué hablas?
-Mira tipo te deseo lo mejor. Eres un hombre bueno y sé que papito Dios no te desamparará. Qué encuentres una mujer buena que te haga feliz. Que te saque de las cervezas, te haga un hombre de provecho y te convenza respecto al altar. Pero antes necesitas mejorar algunas cositas. Para tu próxima relación trata de ser detallista, o sea, puñeta que lo practiques, unas flores de vez en cuando, un peluche, una postal… sí, eso es, una postal. Tres pantys de Calvin Klein no son un detalle apropiado. Escribe, escribe mucho, dile que la amas, exprésale lo buena que es contigo, lo mucho que la necesitas dedícale canciones de Luís Fonsi. Imagíname sin ti. En la relación no todo puede ser meter y si lo vas a hacer hay que hacerlo bien. Debes concentrarte para que no se te desmaye a medio polvo. Ayyyy coño no me jodas con que tienes difusión eréctil a tan temprana edad.
-Pero mami, es que como últimamente tenemos tan poco sexo, me masturbo en mi casa antes de venirte a ver. Por si acaso no quieres hacer nada. Creo que por eso es que se me esmonguilla el bicho. Nunca antes me ha pasado. Debo tener mucho estrés. Pero si te voy dando brocha poco a poco sin prisa y luego te la mamo a lo frenético, ya tú sabes como me gusta esa pendejá, entonces estoy seguro que no tendré problemas y que el venoso reaccionará listo para una jornada inclementemente larga.
-Bartolo, realmente me frustra el hecho de que hagamos el amor y no te vengas. Me siento desdichada. Pienso un sinnúmero de posibilidades… que soy fea y no te gusto, que no te excito, que no lo hago bien, que tienes otra que te lo mueve mejor, etcétera, etcétera, etcétera. Parece que la disfunción es peor de lo que yo pensaba. ¿Me estás atendiendo? ¡Escucha carajo! Hasta donde yo entiendo, las personas terminan de hacer el amor cuando se vienen. ¿Entiendes? O faltaste a clase el día que explicaron que coito termina con leche. El fenómeno causa y efecto con la ecuación:
bellaquera al cuadrado + excitación = orgasmo
Creo que es una ofensa para cualquier mujer. Estás dejando el trabajo incompleto. Calientas la comida, comienzas a comer, luego de varios bocados te paras de la mesa y te largas dejando mucha comida y el premio del postre. Te pasas de la raya. Nunca voy a olvidar las varias veces que llegaste de visita a mi apartamento y comenzaste con tus jueguitos sexuales. Me quitabas los pantalones cortos, me bajabas los pantys con los dientes para luego posar tu lengua dentro de mi ombligo. Torturabas mi abdomen bajo con alucinantes mordidas, luego pasabas respirando muy cerca de mi vulva dejándola intacta por un rato. Entonces en mis muslos corría tu lengua precipitada abriéndose espacio camino a las pantorrillas. Tus manos fuertes y perversas apretaban mis caderas dándome sutil vuelta hasta dejarme boca abajo en el sofá. Tus dedos trabajaban colectivos en mis nalgas separando una de la otra para que tu lengua recorriera el camino ya trazado. En algún instante, sin darme cuenta, volvía a estar boca arriba, en ese momento arremetías con fuerza y de imprevisto hacia el centro de mi cuerpo que te recibía húmedo, espeso y tibio. Tus labios ejercían una suave presión en mi clítoris apresándolo al desquiciante frote de tu lengua. Tu boca entera echa una máquina de provocar gemidos. Yo toda, envuelta en contracciones esperaba la inminente penetración, la añoraba. Era el momento. Apretaba fuerte el cierre de tu pantalón logrando agarrar tu pene rígido ya listo para zambullirse dentro de mí. Entonces te despegabas, te parabas del sofá, caminabas hasta el fregadero, te lavabas la cara y las manos para luego despedirte diciéndome que tus amigos te esperaban…
Es hora de entrar en acción. Llegó mi turno. Me llamo Jaime. Mido doce pulgadas. Mi hermano Jaimito mide seis. Vivimos en la gaveta de Jessica. Bartolo me conoce, sabe de mi existencia, no se pone celoso. Él mismo me ha tenido en sus manos en momentos de flacidez, ha tenido que recurrir a mis servicios cuando su cuerpo no responde. Mi erección eterna lo ha sacado de apuros varias veces. Bartolo no me agradece. No me reconoce méritos. Él debe guardar silencio, no debe mencionarme, así lo estipuló ella, no vaya a ser que en la iglesia se enteren de que Jessica se manda este rico y suculento objeto plástico libre de enfermedades que soy yo. Que no piense nadie que doce pulgadas es cosa de enfermos. Yo creo que por eso adquirió a mi hermano Jaimito de seis pulgadas, para sentirse parte de la congregación, para hacerse creer que de este modo mantiene mayor elasticidad al tocar la pandereta. Sin embargo Jaimito todavía huele a nuevo, soy yo quien siempre hago el trabajo entre sus piernas. Lo adverso de la situación es que vivimos hacinados alrededor de maquillaje y otros productos de belleza. Que nos acuartelan hasta el fondo de la gaveta y por si fuera poco, nos tiran ropa encima para ocultar nuestra existencia. No puedo bregar con este anonimato, mi tamaño debe ser de conocimiento público. Jessica se relambe sabe que es una golosa, se siente pecadora y no es por gula. Una vez escuchó hermano de la iglesia decir que masturbarse era lacerar el cuerpo. Ese día temió al darse cuenta le gustaba mucho lacerarse…
-¡Rogelio! Es que ella se queja de que tengo problemas en la cama, se queja, se queja, se queja y nunca me ha dado la oportunidad de expresarme. Yo también tengo observaciones para hacerle. Para empezar, no le gusta mamar y cuando lo hace, es con timidez de primeriza. Cuando comienzo a jugar con todo su cuerpo para tratar de calentarla, ella se queda tendida boca arriba como si fuera un mueble. Entonces recorro a besos todo un horizonte de pies a cabeza. Ella evidentemente excitada, trata de controlar su respiración, se traga los gemidos luciendo una falsa frialdad. Yo quiero que grite coño, que se le olvide controlarse, que me agarre por el pelo y dirija el coito, que me ilustre cuando debo ir más duro y cuando más suave. El sexo no es para personas pudorosas, ni místicas. Se trata de orificios, secreciones, fluidos, olores fuertes, caras de excitación y dolor. De modo que se me dificulta entender sus ansias de echar polvos maravillosos sin su misma colaboración. Es decir que por una parte exija tanto y por la otra sea tan mediocre en la cama.
-Mi socio, olvídate de eso. ¿Le vas a hacer caso a esa boba? Tú estás probao, te has enfrentado a las tipas más insaciables de este país. Se lo has metido a jevas que le doblan en edad y experiencia. Le has corrido las mujeres a tipos que son unos bravos. Sabes que el resultado siempre ha sido bueno… Ellas terminan hablando de la calidad de tus servicios, del buen tamaño de tu pinga, de la duración y de lo salvaje que eres cuando utilizas tu fuerza en el acto sexual.
-Ella decía que mi verga no la lastimaba, como la maceta que tenía el ex-novio. Al parecer eran como unas diez pulgadas. Eso no es normal, a mí me frustraba y trataba de competir, pero insisto en que diez pulgadas no es cosa de humano.
-Coño tipo no te rochees, recuérdate de Lilly, la mujer de Negro "el policía". Esa mujer era una viciosa, se había tirado a todos los guardias del cuartel, más de un repartidor de pizzas, pal de tiradores del caserío, a tres bartenders que se chingó a la vez en el restaurante donde trabajó por varios meses, etc, etc, etc. El asunto es que ella me contó que casi enloquece al ver tu monumental pinga blanca. Me juró que casi no le cabía en la boca debido a un alegado grosor que la hacía venirse una y otra vez. La muy desinhibida me habló de lo salvaje de tu sexo, juró que no se dejaría dar por culo de nuevo a menos que te operes para reducirte la pinga, me dijo que le había puesto de sobrenombre "Las Gemelas" a tus bolas. Que te colgaban prominentemente de forma anormal, pero que a ella le gustaba mucho dicho guindalejo
-Te dijo lo de mis bolas la muy hija de puta…
-Bartolo, el hecho no es ese. Al punto que te quiero llevar es que mujeres de vasta experiencia han aprobado con beneplácito tus proporciones, encontrándolas muy por encima del promedio. Yo tengo dos teorías. Una es que Jessica todavía añora al jevo anterior y de este modo se cree que su pinga es la más grande del mundo. De este modo mantiene una veda en sus ojos que le impide ver que tu bicho es altamente competente. La otra teoría posible, alude a una incomprensión insalvable desde lo cotidiano hasta lo sexual, que por ende, causó cansancio de su parte y eventualmente te mandó al carajo usando los pretextos que a su entender te dolerían más. La inyección religiosa de la familia que le aprieta los tornillos y le dice que ese baile de perreo que tanto le gusta, es cosa del diablo. Que jamás debe repetir el pecado del concubinato al que se expuso por más de cinco años. Que los novios son únicamente para casarse. Que esa sed de calle que la invade todos los viernes después de las nueve… Hay que aniquilarla con faldas largas, poco maquillaje y mamándose el sermón del reverendo Facundo, mientras piensa en las proporciones animalescas del ex-jevo. En medio de la verborrea del pastor, su imaginación vuela hasta una habitación de motel donde en un momento sublime y solo para ella, se encuentra arrodillada enfrente de Bartolo y el Ex. Con la boca doblemente llena, comienza a degustar vaginalmente a Jaime mientras el benjamín de seis pulgadas se guarece en el orificio trasero. Éstos se han redimido de gavetas y ella… Ella se acuerda que está en la iglesia, que no es cosa buena mirarle la bragueta al reverendo. Cierra los ojos, frunce el ceño, hace mucha fuerza espiritual para elevar sus plegarias y… de repente su alma vuelve al motel, donde cuatro penes eyaculan, bañándola de esa libertad que solo posee cuando su mente es arrestada a medio sermón.
Jessica baila desnuda y se soba las tetas mientras le pide a Facundo en tono inaudible que la clave a lo bruto. Es el rabo de una visión que desde hace mucho tiempo se ha posado en los ojos del pastor. Semana tras semana ella allí, en la primera fila junto al putón de Carmen, sermón tras sermón las piernas se han ido abriendo y la vista del reverendo ha aprendido a traspasar la ropa. Recuerda que tiene trabajo que hacer, se voltea hacia la cruz del altar y le pide a Dios que le quite toda esa cosa del diablo. Entonces se voltea lentamente, camina hasta el púlpito, para dar las siguientes buenas:
"Hermanos y hermanas, estamos aquí reunidos en esta noche para gritar, brincar y sacudir. Ah, también para adorar al señor. Sí, ese señor que me ordena hablarles en esta noche sobre el celibato y la abstinencia. El sexo es una fruta sagrada reservada únicamente para los casados. Masturbarse es lacerar el cuerpo. Las relaciones anales son contra natura. Los vibradores son un demonio de hule. Los maricones se podrirán en el infierno. Las erecciones involuntarias demuestran depravación y deben ser controladas. Las hormonas son un invento del hombre para justificar toda esa podredumbre sexual que domina su cerebro. El señor dice en esta noche, que a los primeros diez en pasar al frente les concederá el milagro de castrarle las hormonas para que lleven una vida más pura. Al resto de la congregación se les dará la oportunidad de transformar sus hormonas en amor a Dios, por tan solo un donativo de cincuenta dólares. También tenemos disponible el perfume anti-feromonas, hecho exclusivamente para repeler al sexo opuesto y de esta forma llevar una vida más limpia ante el creador. Recuerden siempre andar derechitos, o sea, que se casen, que tengan muchos hijos dentro del matrimonio para que crezcan en la iglesia y sean perfectos como lo son ustedes que escuchan, atienden y obedecen la voz de Dios, que en esta noche les ha hablado".

Irving García Centeno

3 comentarios:

Unknown dijo...

Estimado Irving:

Tienes un tremendo cuento en "Las carencias de Bartolo". Me gusta el entrecruce dialógico que enmarca las diversas instancias del relato. El humor: formidable; igual que la sugerencia. Entiendo que existen elipsis que operan muy bien sobre el trabajo. Me llama la atención dos similitudes a través de las cuales conversan nuestras literaturas. Una es que tengo piezas constituidas sólo por diálogos. La otra, que -por ejemplo, en un cuento titulado "Asado a las doce"- escribo una ecuación matemática (Ruido + Noche = Sexo.)

Irving Garcia Centeno dijo...

Saludos Carlos:

Me da gusto que hayas leído Las Carencias de Bartolo que por razones obvias no se presta a la apertura. tengo una asignación inmediata en leer Dos Centímetros de Mar y también tu cuento Asado a las Doce. Ojalá podamos coincidir pronto para que me hables un poco de tu opinión sobre el cuento puertorriqueño desde la revista El Sótano. Un abrazo.

Unknown dijo...

Bueno, Irving, si tu cuento no se prestara a la apertura, dejaría de ser literario. El arte es un espacio caracterizado por la ausencia de fronteras. ¿Desde dónde creamos, si no ubicados en un punto detonador del discurso hacia los demás espacios y hacia sí mismo? En cuanto a "Dos centímetros de mar" y 'Asado a las Doce', me halaga que alguien los considere "asignaciones". La coincidencia para el diálogo no tiene que depender de la lectura de mis trabajos; de otro modo, me parecería un juego a "celebrity" que no me interesa. Por lo tanto, café, agua y comentar a nuestras anchas, suena bien para mí. Obviamente (me parece obvio), tengo mis impresiones sobre el cuento puertorriqueño a partir de la revista El Sótano (¡qué bueno que las cosas evolucionan!). Un abrazo a ti también.